sabor a sangre

Cuando Mahoma traicionó a su tribu, los Quraish, que eran los guardianes de la Caaba – los que usufructuaban de cobrar por guardar los ídolos de los viajeros que pasaban por allí rumbo a Yemen y sus especias, o a la Costa de las Perlas, actual Qatar, por las que recogían allá – rompiendo su acuerdo y atacándolos para asesinarlos, cortó cabezas a todo el que no se convirtió a la nueva fe que había creado. Lo mismo hizo con la tribu judía de Arabia que no huyó y quedó viva después de las batallas, cercenándole la cabeza a todos los hombres, dicen que 900, él personalmente. Y así continuaron sus seguidores, que al conquistar Egipto y Siria cristianos no dudaron en matar también a los que no se convertían al islam. Pero podríamos decir que eso sucedía en el siglo VII y VIII era actual, de manera que era usual matarse con facilidad. No se debe olvidar que muchos siglos después, en Europa quemaban vivos a los judíos que no se convertían al cristianismo, y en la recién conocida América para ellos diezmaron a los nativos que se negaban a ser esclavizados en minas y haciendas, al menos a los que no murieron por epidemias de enfermedades desconocidas.
Hay que reconocer que la bestialidad del Ser Humano sale a flote apenas se da la oportunidad. En cada siglo de la Historia ha habido guerras en las que se ha matado a cientos de miles de personas en todo el mundo por las razones que sean. Lo que nunca había sucedido fue el Holocausto, la Shoá, en la que los alemanes y sus colaboradores asesinaron de manera industrializada a millones, seis de ellos judíos, uno y medio de gitanos, rusos, discapacitados, opositores políticos, polacos, y cualquiera que cayera en sus manos. A pesar de lo que fue esa matanza, en la antigua Yugoeslavia reapareció la bestia, y grupos de serbios, croatas, montenegrinos y otros se asesinaron unos a otros por ser cristianos ortodoxos, musulmanes o católicos atrozmente. Pero eso pasó, no continuó, aunque no por ello la bestialidad deja de ser parte de la parte oscura de muchas personas.
Lo que no es comprensible es que a lo largo de la Historia, ciertos pueblos continúen con sus prácticas asesinas contra los que consideran contrarios. Los musulmanes son millones, y la gran mayoría es gente tranquila y gentil. Pero también lo eran la mayoría de los alemanes en los años treinta, después de todo Hitler ascendió al poder por elecciones democráticas, a pesar de que sólo sacó un poco más del 30% de votos. Se comprende que no es igual un musulmán de Indonesia o Singapur a otro de Afganistán o Arabia Saudita. Son pueblos diferentes, con culturas e historias distintas. Los que son árabes tienen costumbres atávicas que les llevan a cometer actos que en occidente son impropios. Aún mantienen los asesinatos “por honor”, como cuando una hija quiere casarse con alguien que no le parece a su padre, o cuando alguien “mancha” su honra con algún acto o palabra que no le es agradable; entonces el recurso es el asesinato. Se trata de una cultura tribal que debe obediencia al patriarca, que es el que tiene la primera y última palabra, sea o no justa. Es lo que hace que en esos países no exista lo que en occidente se denomina democracia, que es un concepto que no tiene que ver con su cultura. Para ellos, el líder lo es todo y a él se deben. Por eso les es natural tener líderes dictatoriales que suplen al jefe de familia como líder de todos. Si se apropia de dinero está bien, es el jefe.
En esa cultura tribal se alaba el odio al “enemigo”, quien quiera que sea. Si no lo hubiera, hay que crearlo, tal como hacían en Europa con los judíos como chivo expiatorio de cualquier problema.
En estos momentos en los países árabes musulmanes ese “chivo expiatorio” es Israel y los judíos del mundo. Hay un aspecto religioso importante en este concepto, que es que “se han apropiado de un territorio que es musulmán, de Dar el Islam”, y se les debe expulsar de allí como sea, idealmente asesinando a todos esos “infieles” que han usurpado “su” tierra musulmana. Ayudados por otros países árabes musulmanes para darse fuerza en su tarea, inventaron un pueblo inexistente, los “palestinos”. Hay mucha literatura de viajeros del siglo XVIII y XIX que relatan como ese territorio del Imperio Otomano estaba desierto, con pocos habitantes en algunas pequeñas ciudades como Jerusalem, con mayoría de judíos y cristianos. Los árabes eran trashumantes que nunca tuvieron la intención de hacer nada allí, menos cuando Gaza fue de Egipto y Cisjordania de Jordania tras la guerra de Independencia de Israel de 1947.
Al comienzo de la creación de aldeas, kibutzim (aldeas colectivas) y moshavim (aldeas cooperativas), era común que recibieran ataques de árabes de aldeas aledañas que no trepidaban en asesinar para poder robar, lo que era su costumbre con otros pueblos árabes. Cuando el Gran Mufti de Jerusalem (el imán musulmán designado por los británicos, nazi que proporcionó musulmanes a Hitler, de los Balcanes y circasiano la mayoría) azuzó a la población musulmana para que asesinara a los pobladores judíos, no les costó nada comenzar a hacerlo, era parte de su costumbre. En los años veinte, durante los asesinatos de judíos en todo el territorio, en la ciudad de Hebrón, que contiene la tumba de los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob con sus esposas, y que fuera la primera capital del primer reino judío (¡¡la Unesco la ha declarado mezquita musulmana!!) salieron las turbas árabes musulmanas a asesinar a sus vecinos judíos con cuchillos y sables, lo que obligó a los pocos que se salvaron a huir, haciendo de esa ciudad “libre de judíos” hasta que en 1967, la Guerra de los Seis Días la reconquistó. Hace poco en un documental una mujer de Hebrón contaba entusiasmada como su marido tenía su cuchillo tan ensangrentado con sangre de judíos que le chorreaba por su manga, y como ella le gritó que matara a más.
Durante la Guerra de los Seis Días se encontraron cadáveres de soldados israelíes a los que les habían cortado los genitales y se los habían dejado en la boca. Hace pocos años se pudo ver en una filmación que los mismos árabes palestinos pusieron en Youtube como al acorralar a soldados israelíes, los mataron y varios árabes mostraban con júbilo sus manos ensangrentadas a los demás, que aullaban de entusiasmo. Hamas pregona sin diplomacia que su meta es conquistar todo Israel y matar a todos los israelíes, no expulsarlos. Abbas, el presidente de la Autoridad Palestina paga a los que asesinen israelíes, y lo expone sin enmascaramiento. Es público que gasta 300 millones de dólares anuales de lo que le regalan países occidentales y ong´s en dar sueldo a asesinos encarcelados y a familiares de los que han matado israelíes, bebés, niños, ancianos, familias. Y también pregona que si algún día se creara un Estado Palestino, ningún judío podrá vivir allí, lo que no ha escandalizado a ningún país occidental ni menos a la ONU, que tanto hace para vejar a Israel.
Cuando el Estado de Israel se retiró de Gaza, dejó todas las construcciones de las aldeas intactas y también los invernaderos con los que los israelíes que habían vivido allí más de treinta años exportaban por un monto de treinta millones de dólares anuales. En lugar de aprovecharlo, lo único que se les ocurrió a los árabes fue destruir todo, aullando de entusiasmo después por lo que hicieron, destrucción como ha sido su costumbre. Aunque parezca insólito, en Cisjordania (Judea y Samaria), en territorio de la Autoridad Palestina, hay campamento de refugiados. Uno puede preguntarse refugiados de qué, si están en el área del que se supone eran.
Los musulmanes de Hezbollá creado por Irán pregonan que su único objetivo es destruir Israel. Con un gran presupuesto que obtienen de su amo Irán, no se les ocurre mejorar su entorno o el modo de vida de los libaneses de las aldeas aledañas, sólo hacer bunkers para sus cohetes dirigidos al Estado Judío para de alguna manera matar a sus ciudadanos y poder invadir el país con violencia y sangre. Igual cosa hacen los de Hamas en la franja de Gaza, que en vez de usar los cientos de millones de dólares y euros que les regalan países y ong´s occidentales en mejorar la vida de sus ciudadanos, sólo lo usan para crear maneras de atacar Israel y asesinar israelíes: túneles que les cuestan millones de dólares, armamento proporcionado por Irán y países árabes o particulares musulmanes de varios lugares. Al menos lo que queda del dinero que recortan para sí mismos los líderes de Hamas, de los que se sabe que tienen miles de millones de dólares guardados; pero a quien le importa, si después de todo son los jefes tribales “que tienen todo el derecho a hacerlo” dentro de su cultura. Los chilenos que descienden de árabes que huyeron del territorio otomano son cristianos, pero apoyan a los musulmanes, nietos de los que echaron a sus abuelos. Son ingenuos que se tragan mentiras que les cuentan, y es porque también son tribales, de manera que defienden y apoyan “a los suyos”. Pero también siguen la cultura de la violencia. Ya se vio como atacaron a los jóvenes judíos que jugaron fútbol en el estadio Palestino con su delegación. Y demás está ver cómo los parlamentarios árabes votan cualquier instancia que tenga que ver con Israel, aunque con ello perjudiquen a Chile, país que se supone que representan.
Con todo lo que tiene que gastar Israel en defensa de sus enemigos y ataques terroristas, aún así el país ha tenido la capacidad de desarrollarse de manera espectacular. A pesar de que debió absorber a cientos de miles de judíos que volvían a su país recuperado, ochocientos mil de ellos expulsados con lo puesto de países árabes en los que habían vivido tres y cuatro mil años, Israel tuvo la manera de crear inventos, tecnología que ha asombrado al mundo, ayudar a países del tercer mundo a desarrollar su agricultura y ciencias. Aunque durante toda su existencia ha carecido de recursos naturales, de minerales, de energía, de agua, pudo seguir adelante hasta convertirse en el país desarrollado que es. Y si hoy en día ha encontrado depósitos de gas y petróleo en su mar territorial en el Mediterráneo, ha sido porque lo han buscado, no llegó la noticia por su cuenta. Si ahora tiene suficiente agua, de la que siempre careció, es porque organizó el mayor reciclaje del porcentaje de aguas servidas que usa en agricultura, y la mayor planta de desalinización del mundo, gracias a la que hoy en día tiene agua suficiente.
Es la diferencia de cultura entre judíos y árabes. Los segundos no escatiman esfuerzos en tratar de matar israelíes en medio oriente, o de crear antisemitismo en el resto del mundo, especialmente en Chile. Los primeros prefieren desarrollar métodos que beneficiarán a su familia, a Israel, y en consecuencia al mundo.

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