lo que viene

Las fuerzas leales al gobierno sirio, en conjunto con los militares iraníes y rusos, rompieron el 5 de septiembre recién pasado el asedio de tres años de Isis contra las fuerzas leales en Deir el.Zour, capital de la provincia petrolera de igual nombre. El mismo día Israel comenzó su mayor ejercicio militar desde 1998, como preparación de una posible guerra contra Hezbollá en la frontera con el Líbano. A medida que va disminuyendo el conflicto en Siria, Hezbollá podría concentrara sus fuerzas para ir contra Israel distribuyendo sus fuerzas en el Líbano. Sin embargo, enfrentándose con el avance de los grupos leales a Al Assad, el dictador sirio, están los árabes de las tribus de las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF), que son respaldadas por Estados Unidos. Han liberado terreno hacia el sur y podrían enfrentarse con las fuerzas leales al gobierno sirio en su conquista hacia la frontera con Irak donde hay campos de petróleo y gas, lo que llevaría a la competencia por apropiarse de ellos.
Los combatientes de Hezbollá han adquirido experiencia bélica real en su participación en la guerra civil de Siria. Como son el brazo armado de Irán, han seguido recibiendo de éste y de Rusia armamento sofisticado, abriendo una ruta terrestre hacia Líbano a Irán. Seguramente Israel tendrá una actitud más agresiva contra Hezbollá en adelante, lo que podría intensificar sus ataques a las columnas que alimentan al grupo terrorista en Siria e incluso a un ataque preventivo contra los misiles que Hezbollá tiene en el Líbano. De manera que la probabilidad de un conflicto entre Israel y Hezbollá es alta, ya que este último, envalentonado por sus logros en Siria, intentaría impedir futuros ataques israelíes atacando primero.
Aunque la capacidad militar de Hezbollá no es conocida, se calcula que tendría en sus filas unos 7.000 combatientes, más 20.000 posibles reservistas, lo que es más que el ejército libanés e incluso el de varios estados árabes. Hossein Salami, comandante del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán ha dicho que Hezbollá tiene “más de 100.000 misiles preparados para ser lanzados desde Líbano a Israel”, lo que podría ser un bluf. Hezbollá tiene un ingreso anual calculado entre 80 y 100 millones de dólares, un 70% de ellos proveniente de Irán, su gestor, y el resto de donaciones de privados. A pesar de su capacidad militar frente a Israel, el grupo se presenta como lo que es, un brazo de Irán y de sus aliados, más que una resistencia anti israelí que buscaba la liberación de territorios ocupados por Israel en los Altos del Golán y en las granjas de Sheba.
De los cuatro millones de libaneses, sólo un tercio es chiita. En el norte sunita, algunos desafían con armas a Hezbollá y al gobierno, que está dominado por este, y apoyan abiertamente a los rebeldes sirios que luchan contra el gobierno de Al Assad creando un bastión armado para contrarrestar los chiitas pro Hezbollá en Beirut y el valle del Bekaa. En mayo Hezbollá perdió a su jefe militar en Siria, Mustafá Amin Badredinne en un ataque en las afueras de Damasco. En un comienzo culparon a Israel, pero posteriormente se concluyó que fue muerto probablemente por miembros sirios del Frente Al Nusra que luchan contra el gobierno de Siria.
El analista libanés Paul Salem, subdirector del Centro Carnegie de Oriente Medio dice que si el régimen de Al Assad cayera en Siria, Hezbollá podría perder la vía de abastecimiento de armas que le envía Irán. En “El Confidencial” agrega que “El grupo no podría compensar la pérdida, dependiendo exclusivamente de los puertos libaneses o del aeropuerto de Beirut porque sería fácil bloquearlos a todos. Sin la capacidad para reabastecerse, Hezbollá saldría de cualquier guerra futura con una fuerza sumamente debilitada”.
Hezbollá ha perdido más de mil combatientes libaneses, y sus fotografías penden de faroles en la entrada de la localidad de Hermel, en el valle del Bekaa. Hezbollá paga entre 500 y 1.000 dólares mensuales a las familias de sus caídos, compra viviendas a las familias de estos que no tienen, y paga a los enfermos los gastos médicos. Diez años atrás el jeque Sayed Hassan Nasralla, secretario general del partido milicia de los chiitas libaneses de Hezbollá era uno de los dirigentes árabes más populares del universo musulmán tras la guerra contra Israel del 2006. Fue la única guerrilla árabe capaz de doblegar a los israelíes según su propia leyenda. Para conmemorar su “triunfo” tienen un Museo de la Resistencia en Melita, al sur del Líbano, en el que cientos de turistas y visitantes de la zona van al parque temático en el que pueden ver tanques israelíes destrozados y cascos y botas de soldados “abatidos”. Sus hazañas se venden en tazas de café, llaveros y encendedores como recuerdos.
Hezbollá está pasando por dificultades económicas desde el momento en que el Banco Central del Líbano comenzó a implementar un paquete de sanciones económicas que Estados Unidos ha impuesto contra el grupo, que tanto ese país como la Unión Europea lo tienen incluido en la lista de grupos terroristas. A raíz de esto, se les atribuye la explosión de una bomba que estalló junto al banco Blom Bank, cerca de la residencia del ministro del Interior libanés Nuhad Mashnuk, que destrozó la fachada e hirió a dos personas. Comentó el periodista libanés Husein Abdul Husein en su artículo “La Tercera República: El Líbano, estado de la Resistencia”, que “Hezbollá podría considerar que una amenazadora bomba para los bancos libaneses entra dentro de lo normal para conseguir sus objetivos. Lo que no entiende es que esta vez no está robando la leche, sino que está matando la vaca”.

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