Kristallnacht,  Nov. 1938 Zerstörte jüdische Geschäfte in Magdeburg.

Kristallnacht, Nov. 1938
Zerstörte jüdische Geschäfte in Magdeburg.

La Noche de los Cristales Rotos fue una serie de asesinatos y ataques ocurridos durante la noche del 9 al 10 de noviembre de 1938 contra ciudadanos judíos, sus negocios y propiedades, unas 7000 tiendas y 29 almacenes judíos, que llevaron a cabo la sociedad civil y las tropas nazis de las SA en Alemania, Austria y Checoslovaquia, mientras las autoridades, policía y bomberos observaban sin intervenir. Destruyeron las sinagogas de todo el país, unas 1574 en Alemania y 95 solamente en Viena, y los ataques dejaron cubiertas las calles de los vidrios rotos de los escaparates de las tiendas y ventanas de propiedad de judíos. Se calcula que al menos 91 ciudadanos judíos fueron asesinados, y unos 30.000 fueron llevados a los campos de concentración de Dachau, Sachsenhausen y Buchenwald.
El pogrom ocurrido fue presentado como una reacción espontánea de la población civil alemana debida al asesinato del secretario de la delegación alemana en París el 7 de noviembre de 1938 por el joven judío polaco de origen alemán, Herschel Grinszpan. Sin embargo lo ocurrido fue ordenado por Hitler, canciller del Reich, organizado por Joseph Goebbels, y llevado a cabo por la Gestapo, fuerzas de la policía, la SS (Schutzstaffel), las Juventudes Hitlerianas, la SA (Sturmaabteilung), la SD (Scherheitsdienst) y otras organizaciones.
Todo había comenzado en agosto de 1938, cuando las autoridades alemanas cancelaron los permisos de residencia de extranjeros, lo que incluía a los judíos nacidos en Alemania, pero de origen extranjero. El 28 de octubre de 1938, por orden directa de Hitler fueron expulsados hacia Polonia 17.000 judíos de origen polaco. Fueron obligados a dejar sus casas en una sola noche con una maleta por persona para llevar sus pertenencias. Sus vecinos alemanes y las autoridades nazis se apropiaron de lo que fueron obligados a abandonar. Esa noche fueron llevados a las estaciones de trenes que se dirigieron hacia Polonia.
Un sobreviviente, Sindel Grynszpan, relató durante el juicio a Adolf Eichmann en 1961 en Israel, como fue deportado de Hannover la noche del 27 de octubre de 1938. “Nos llevaron en camiones de la policía, de los presos, con unos 20 hombres en cada camión, y nos llevaron a la estación del tren. Las calles estaban llenas de gente que gritaba: “Juden Raus! Auf nach Palastina” (¡Judíos fuera! ¡Vayan a palestina!)”. Pero los polacos negaron su ingreso, y miles quedaron en la frontera sin comida ni refugio. Negociaciones entre Alemania y Polonia hicieron que estos últimos dejaran entrar a 4.000 y los 13.000 restantes quedaron en el descampado junto a la frontera. Finalmente los alemanes los enviaron a los campos de concentración donde encontraron casi todos la muerte.
El joven Herschel Grinszpan estaba viviendo donde un tío en París, pero su familia estaba entre las expulsadas. La mañana del lunes 7 de noviembre compró un revólver y balas, fue a la embajada alemana y pidió ver a un funcionario. Lo llevaron a la oficina de Ernst Von Rath y Herschel le disparó tres balazos en el abdomen, lo que terminó por matarlo. Se entregó a la policía francesa sin resistencia. Pero su acción fue el pretexto de los alemanes nazis para desatar los disturbios, asesinatos y deportaciones de judíos en Alemania, Austria y Checoslovaquia, en la que participó activamente la población civil, fuertemente antisemita, que sometió a sus vecinos judíos a toda clase de humillaciones, como fregar el pavimento de las calles mientras eran golpeados por sus compatriotas austríacos y alemanes. Como si lo sucedido no fuera suficiente, los judíos fueron forzados a pagar una multa colectiva de mil millones de marcos al gobierno nazista de Alemania. Esto fue denunciado ante la Convención de Ginebra, a la que los nazis no le hacían ningún caso.
El pogrom de la noche de los cristales rotos se difundió por todo el mundo, desacreditando a los partidos nazis de Estados Unidos y Europa. Estados Unidos retiró su embajador, pero no rompió relaciones con Alemania, lo que sí hicieron otros países. En España, que estaba en plena guerra civil, los franquistas aplaudieron el pogrom justificándolo. Pero más allá de estas débiles medidas de protesta, ningún país fue más allá, y tampoco ningún país quiso recibir judíos, lo que les demostró a los alemanes y austríacos nazis que podían hacer lo que quisieran con ellos. Después de la noche de cristales rotos los judíos fueron víctimas de cada vez mayores persecuciones políticas y económicas como parte de su política racial. En un comienzo los alemanes nazis quisieron expulsar a los judíos, pero como ningún país quiso recibirlos, finalmente implementaron su plan de la “solución final”, que era el asesinato industrializado de los judíos de toda la Europa conquistada. De los 600.000 judíos alemanes que había en Alemania, mucho menos del 1% del total de habitantes del país, algunos lograron irse antes, pero la mayoría fue asesinada al igual que el resto de los judíos de los demás países ocupados, seis millones, la tercera parte de los judíos del mundo.
La Noche de los Cristales Rotos fue el comienzo desembozado de la persecución a los judíos bajo el nazismo alemán. Las potencias, Francia y Gran Bretaña, podrían haber destruido al nazismo incipiente por no acatar los términos del Tratado de Versalles al rearmarse entre otras cosas, pero probablemente lo dejaron crecer pensando que sería un obstáculo frente a la URSS. Con el pogrom nazi, estos pudieron darse cuenta de que los judíos no eran preocupación de nadie, ya que ningún país abrió sus puertas para recibirlos en masa y salvarlos. Incluso Gran Bretaña instauró el 17 de mayo de 1939, ya pasada la Noche de los Cristales Rotos, su Libro Blanco, que limitaba a que sólo pudieran entrar a la Palestina del Mandato Británico 75.000 judíos en cinco años. Lo que directamente era cerrarles las puertas ante la abiertamente activa persecución antisemita alemana.
Lo que queda como triste experiencia es que ante cualquier atisbo de una actividad o movimiento antisemita o contra cualquier otro grupo étnico, religioso, racial o de la clase que sea, se deben tomar acciones de inmediato, sin esperar a que los acontecimientos sobrepasen lo que se haya podido hacer para detenerlo.

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