la fuerza de la costumbre

En una novela de ciencia ficción, el personaje se da cuenta de que el mundo en el que vive es en realidad una gigantesca nave espacial que va rumbo hacia un planeta que está en una galaxia tan lejana, que pasarán varias generaciones hasta llegar. Han pasado tantas, que a todos se les olvidó que van en una nave. Incluso los cuadros de las habitaciones con paisajes de la Tierra son ahora sagrados, parte de una religión nueva. De igual manera es como sucede que lo que partió como una necesidad termina siendo parte de algún mandato religioso o filosófico.
Moisés fue un príncipe egipcio, independiente de que haya sido hebreo, de manera que seguramente era conocedor de cosas que eran desconocidas para el resto de la sociedad. De manera que su mandato dietético, Kosher, que es parte de la manera en que el pueblo hebreo – israelita o judío -, debe comer, tiene la lógica de lo que es sano o insano. Muchas de las leyes que figuran en el Tanaj (antiguo testamento), particularmente aquellas en la Torá (pentateuco), son formalizaciones del conocimiento general que existía en los pueblos del medio oriente. Ciertos animales, aves carroñeras y carnívoros están vedados, pues seguramente por observación los antiguos hebreos notaron que su consumo incluía la contaminación de enfermedades, cuando en esa época los males se atribuían a castigos divinos. De manera que varios animales, aves y mariscos fueron considerados sucios y poco aptos para el consumo.
El más prohibido es el consumo del cerdo. Desde el punto de vista antropológico, el cerdo en medio oriente no era adaptable para los grupos humanos pues no puede pastar al haber pocos pastizales allí, y necesita bastante agua, la que también es escasa. Más que eso, es una competencia con los humanos pues consume las mismas comidas, aunque sean sobras. Pero lo más importante es su transmisión de dos enfermedades que asolaban en la antigüedad, y que nadie sabía de donde procedían. Estas eran la Triquinosis y la Teniasis, o lombriz solitaria. Estas se contraían al comer carne de cerdo infectada, pero como la enfermedad se desarrollaba meses después, era difícil relacionar al cerdo con ella. De alguna manera los judíos – hebreos, israelitas – y algunos otros pueblos descubrieron que evitando el consumo de la carne de cerdo se evitaban problemas. Cocinando la carne bien no habría peligro, pero los pobres no tenían recursos para obtener la escasa leña y la cocinaban poco, lo que les facilitaba enfermarse. Como las personas de esa época difícilmente comprendían las leyes como nosotros hoy en día, la dietética fue presentada por Moisés como divina, lo que implicaba castigos en caso de no ser cumplida para que la hicieran parte de sus vidas.
En el caso de la prohibición del incesto hay razones biológicas, según las cuales el mantener la especie dentro de familiares cercanos ayuda a potenciar enfermedades del grupo. El incesto muestra que el parentesco en todas las sociedades era matrilineal. Según el antropólogo Claude Levi Strauss, las sociedades antiguas promovieron la prohibición del incesto por asuntos de economía práctica, ya que al incorporar individuos del exterior suponía conseguir ayuda ampliada al grupo o clan de las sociedades matricéntricas. La manera de llevar a cabo ese plan era imponiendo la regla de prohibir las relaciones sexuales entre parientes consanguíneos. Los faraones y algunos otros reyes antiguos que se casaban entre hermanos, lo hacían justamente por lo contrario, mantener el poder dentro del grupo familiar cercano para no perderlo.
El caso del aborto, que es la interrupción y finalización prematura del embarazo de forma natural o voluntaria, es un asunto de discusión entre diferentes puntos de vista. Para el judaísmo, como norma general, en el judaísmo el aborto está permitido sólo si existe una amenaza directa para la vida de la madre por llevar el feto a término o por el parto mismo. En tales circunstancias, el bebé se considera equivalente a un rodef, un ‘perseguidor’. En el Talmud, que presenta el punto de vista de muchos rabinos sobre diferentes materias a lo largo de siglos, se trata el aborto por las causales de peligro para la madre, en el caso de que el feto no tenga posibilidad de sobrevivencia y en casos de violación con varios puntos de vista particulares. En la Iglesia Católica, la condena del aborto data recién de 1869, cuando el Papa Pío IX lo reprobó desde el momento de la concepción en su documento “Apostolicae Sedis” (Acta Pío IX, V, 55-72).
Probablemente el origen de la prohibición del aborto tenga un origen económico, más que filosófico. Las sociedades antiguas, y hasta muy poco tiempo, eran agrícolas y ganaderas. Como todo era manual, se requerían muchos brazos para el trabajo, de manera que quien tuviese más hijos tendría más personas para desarrollar la economía familiar del clan, de la tribu. En la Torá, la biblia, se puede apreciar como los patriarcas tenían muchos hijos, no sólo los de las historias principales. Más hijos les permitían defenderse con mayor facilidad de quienes querían arrebatarle su propiedad, ya fuese el ganado o la cosecha. Como era conveniente aumentar el número de descendientes, finalmente se llegó a considerar “pecado” no tener todos los hijos que nacieran. Eso se hizo ley divina, lo que se ha mantenido hasta el día de hoy entre diversas agrupaciones religiosas.
La realidad es que el aborto ha existido siempre, aunque no necesariamente matando al feto, pero sí después al niño, si lo consideráramos similar. Muchas iglesias europeas tenían en su portón una puerta pequeña giratoria en la que una mujer podía poner su bebé recién nacido, girando esa puerta para que quedara dentro. Esos niños eran criados en la iglesia, o entregados a orfanatos en los que pocos llegaban a la adultez, producto de la mala alimentación y al maltrato en trabajos abusivos. Desde pequeños, los huérfanos eran usados para labores en minas, o vivían en el suelo de los mesones del trabajo en el que debían producir sin un momento de descanso, hasta que lograban escapar o morían de fatiga. Por convicciones religiosas, respetables por cierto, hay quienes van contra el aborto en cualquier circunstancia. Pero no tienen planes para la mantención de los niños que nacerían sin ser amados, los que quedarían a su suerte, si es que lograran sobrevivir.
Las sociedades se estructuran sobre la base de necesidades pretéritas, que no son necesariamente las que priman en la actualidad. Pero siguen insertas en el pensamiento de las personas que las componen. Si eso es bueno o no, dependerá de lo que deseen ellos, y está en sus manos el cambiar o no esas leyes y tendencias para adaptarlas al presente. El judaísmo anticipó las leyes sociales más de tres mil quinientos años atrás. Dejar parte de la cosecha a viudas y huérfanos, organizaciones para ayudar a los más desamparados y al extranjero entre ellos, y muchas más que recién hace poco han sido adaptadas por sociedades modernas. Al aceptar la discusión sobre cualquier tema, le ha sido posible llegar a conclusiones alejadas de dogmas para encontrar soluciones más lógicas.

Comments are closed.