inocencia

Cuando el presidente estadounidense Donald Trump hacía su campaña electoral, prometió que trasladaría la embajada de Estados Unidos desde Tel Aviv a Jerusalem. Eso había sido aprobado ya en 1995 por el Congreso norteamericano, pero el presidente Bill Clinton lo había detenido, como era su prerrogativa, y ahora Trump podía hacerlo pues había pasado el plazo; pero no lo ha hecho ni lo hará. Cuando visitó Israel, incluso Nataniahu estaba entusiasmado con el que al parecer era un amigo de Israel. Pero su visita fue curiosa por decirlo de alguna manera, ya que apenas pisó el memorial del Holocausto de Yad Vashem, aunque sí visitó el Kotel, “Muro de los Lamentos” de manera privada, sin el acompañamiento de políticos israelíes. De manera que se ha ido enfriando su aparente cercanía con el Estado Judío para privilegiar su relación con los países árabes sunitas como Arabia Saudita, con quien hizo una venta de miles de millones de dólares en armamento y otros insumos.
El Primer Ministro Netaniahu le dijo a su partido Likud que Israel “no tiene un cheque en blanco de Donald Trump”. Semanas antes, el Ministro de Defensa Avigdor Liberman dijo que Israel debería intentar revivir la “carta de Bush” de 2004, en la que Israel se comprometió a una solución de dos Estados con los árabes palestinos y recibió la garantía de parte de Estados Unidos de que los asentamientos seguirían siendo parte del Estado de Israel. La relación de Israel con Estados Unidos es de gran importancia estratégica, pero primero el Estado Judío debe decidir lo que es lo mejor para los intereses del país.
El 14 de mayo de 1948, once minutos después de que Israel se declarara como nación independiente, Estados Unidos fue el primer país que reconoció de facto al Estado de Israel. Los presidentes anteriores habían apoyado el concepto de la Declaración Balfour de Gran Bretaña que en 1917 aseguró que el territorio de su Mandato Británico sería para una Patria Judía, lo que posteriormente traicionaron al entregar el 70% para crear un país árabe, Transjordania, ahora Jordania.
La decisión de reconocer a Israel fue controvertida pues hubo gran desacuerdo entre el presidente Truman y el Departamento de Estado estadounidense. Truman era partidario del movimiento sionista, pero el Secretario de Estado, el general George Marshall no, pues temía que un apoyo a Israel podría dañar el acceso al petróleo de Medio Oriente, desestabilizando las relaciones de Estados Unidos con el mundo musulmán, y llegó a amenazar a Truman el 12 de mayo de 1948 diciéndole que si Estados Unidos reconocía a Israel como Estado, votaría contra él en las próximas elecciones. Sin hacer caso a Marshall, Truman reconoció al Estado de Israel apenas declaró su independencia, y el reconocimiento “de jure”, esto es, de reconocimiento jurídico, fue el 31 de enero de 1949. Marshall renunció ese año a su cargo como protesta.
(Marshall ganó el Premio Nobel de la Paz por su ayuda a la reconstrucción europea después de la Segunda Guerra Mundial con el Plan Marshall. La realidad es que el plan fue de Truman, que hizo que Marshall lo presentara porque estaba seguro que de presentarlo él, lo rechazarían)
Rusia dio desde 1949 apoyo militar y político a Israel, a pesar de que ya comenzaban las purgas de Stalin contra los judíos soviéticos que podían hacerle peso en el partido comunista. Esa purga afectó directamente al Comité Judío Antifascista, que fue ilegalizado y muchos de sus miembros ejecutados o encarcelados. Esta entidad judío soviética defendió en la URSS la creación de Israel. A pesar de las purgas, la Unión Soviética ayudó a Israel con armas e insumos, hasta que cambió su posición para apoyar a los árabes, buscando el petróleo de Medio Oriente. Incluso en la Guerra de los Seis Días envió “instructores” militares a los egipcios. Hoy en día las relaciones son normales, ayudadas por el millón de judíos rusos que emigraron a Israel hace años, aunque hay diferentes opiniones sobre Siria.
La relación de Israel con Francia había comenzado en 1950, labrada por David Ben Gurión y Shimón Peres, lo que hizo del país galo el principal proveedor de armas de Israel. En 1967, pocos días antes de la Guerra de los Seis Días, el Ministro de Relaciones Exteriores de Israel, Abba Eban, se había reunido en Paris con el presidente de Francia, fundador de la Quinta República, Charles De Gaulle. Éste instó a Eban a que Israel no atacara a Egipto, que ya había cerrado el Estrecho de Tirán y estaba reuniendo fuerzas militares en la península del Sinaí. Para Israel la guerra era inminente y la visita de Abba Eban a De Gaulle era para saber si los apoyaría en caso de que la guerra estallara. De Gaulle le aseguró a Eban que “Si Israel es atacado no dejaremos que lo destruyan. Pero si ataca, condenaremos su acción”. Sin embargo el 2 de junio, apenas tres días antes de que comenzara la guerra, De Gaulle dijo a su gabinete que Francia no apoyaría a la primera nación que comenzara la guerra, e impuso un embargo de armas a Israel. No entregó los cazas a reacción Mirage que Israel había pagado y suspendió la cooperación nuclear con el Estado Judío que había comenzado en 1952, cuando se creó en Israel la Comisión de Energía Atómica dirigida por Ernst David Bergman. Francia construyó en Dimona una planta atómica, a 120 kilómetros de Tel Aviv en el desierto del Negev, según un acuerdo secreto entre ambos países en 1956, en el que se estableció una base para la producción de plutonio apto para armas. Entre los años 50 y 60 expertos israelíes participaron en el programa para crear la bomba nuclear francesa, obteniendo los datos de las pruebas nucleares de Francia en el desierto del Sahara entre 1960 y 1964.
El 27 de noviembre de 1967, De Gaulle convocó una conferencia de prensa en París, furioso con Israel. Recordó su encuentro con Abba Eban y cómo Israel había ignorado su mensaje. Dijo que al mantener Israel los territorios conquistados, era una fuerza de ocupación y estaba mostrando sus verdaderos objetivos expansionistas. Su enojo era genuino, pero también parte de su decisión de acercarse al mundo árabe por el petróleo y sus negocios. Israel se quedaba solo, sin proveedor de armas ni cooperación nuclear.
Pero el embargo francés después de la Guerra de los Seis Días tuvo un impacto histórico y estratégico hizo cambiar la trayectoria de Israel. El presidente de Estados Unidos, Lyndon Johnson, acordó venderle a Israel cazas Phanton, lo que fue el comienzo de la relación entre ambos países. Pero el embargo francés hizo entender que el Estado de Israel no podía confiar en nadie. Para sobrevivir tendría que desarrollar una capacidad propia de desarrollo, producción e investigación para todo, no sólo para crear armamento. Israel creó el primer avión no tripulado, un dron, que voló sobre el Canal de Suez en 1969. El General de División Israel Tal hizo diseñar el tanque israelí Merkava. Israel Aerospace Industries construyó su primer avión de combate, el Nesher, diseñado como el Mirage 5 francés. El Nesher llevó a diseñar y producir el avión Kfir y después el Lavi. En el Tejnión, equivalente israelí al MIT estadounidense, se invirtió en nuevos campos de estudio e informática. El gobierno israelí comenzó a invertir en desarrollo tecnológico.
(Finalmente Israel recibió los cincuenta Mirage 5 desarmados en cajones de palets de carga entre mayo de 1971 y febrero de 1974. Oficialmente Israel dijo que los había construido después de obtener los planos en Francia, y los bautizó Nesher. Por otro lado se dice que el hijo de Dassault, fabricante de los Mirage, cuyo padre es judío converso, habría entregado los planos del avión a Israel)
El embargo francés de 1967 hizo comprender a Israel que sólo podía confiar en sí mismo. Así es como cincuenta años después de esa guerra, el Estado Judío se ha convertido en un centro mundial de innovación en agricultura, armamento, informática, seguridad cibernética, dispositivos médicos y toda clase de desarrollo científico. De manera que cuando De Gaulle creyó debilitar a Israel con su embargo, lo que hizo fue empujarlo a convertirse en una potencia militar de alta tecnología y a estar en primera línea en todo tipo de innovaciones. “No hay mal que por bien no venga”.

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