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Un canadiense decía que los británicos no quieren a nadie pero comprenden a todos. Y que los estadounidenses quieren a todos pero no comprenden a nadie. Los británicos fueron amos de un enorme imperio en el que implantaban con dureza sus términos, sin importarles lo que dijeran otros o lo que protestaran sus subyugados. Cuando jóvenes judíos comenzaron a instalarse con aldeas para hacer nuevamente productiva la tierra abandonada de Israel el siglo XIX y comienzos del XX, eran frecuentemente atacados por árabes de aldeas aledañas para robar y matar, como acostumbraban hacer entre ellos. Aparecieron entonces los Shombrim, guardianes judíos, que iban armados en su caballo a la aldea árabe para coger a los hechores. Eran respetados y no los atacaban porque la cultura de esas gentes lo hacía con los fuertes. La Segunda Guerra Mundial no se habría producido si las potencias hubieran obligado al gobierno alemán nazi a respetar los términos de desarme acordados, y menos aún si no le hubiesen “regalado” los británicos Checoslovaquia a los alemanes y la hubieran atacado en el momento en que sus tropas se adueñaron de ese país. Alemania no era tan fuerte entonces como para haber resistido que la detuvieran.
Israel ha buscado ser aceptada por sus vecinos desde antes de su independencia, pero eso no ha ocurrido. A pesar de haber ganado todas las guerras en las que ha sido atacado, no por ello ha logrado ser reconocida. Incluso la paz que tiene con Egipto y Jordania es frágil, pues la población de esos países no quiere nada con el Estado Judío, y su prensa e incluso personeros políticos suelen denostar abiertamente a Israel. Con una cultura que respeta por sobre todo al Ser Humano, los israelíes actúan de manera absolutamente distinta a la de sus vecinos, a tal punto que lo que para Israel es democracia y ética, para los otros no es más que debilidad. En una franja de Gaza dominada por los terroristas de Hamas, matar a cualquiera que se oponga a ellos es normal. Igual cosa sucede en los territorios que maneja la Autoridad Palestina en Cisjordania – Judea y Samaria -, donde su presidente Abbas hace lo mismo con disidentes y encarcela y tortura a periodistas que lo cuestionan. Hamas invierte en túneles y en incursiones para matar israelíes y la Autoridad Palestina paga sueldos a asesinos encarcelados y a familias de los que han sido muertos en su acción homicida. Por el contrario, Israel no sólo no mata a los asesinos si es posible, sino que de ser heridos, los sana en sus hospitales con el dinero de todos los ciudadanos israelíes. Eso hace que los homicidas árabes rían, ya que saben que lo peor que les puede suceder, en caso de sobrevivir a su ataque, es ser tratados en hospitales de Israel y ser encarcelados en las cárceles israelíes, que son hoteles de lujo comparados con las de Gaza, Cisjordania y las de Hezbollá en el Líbano. Recientemente hubo una huelga de los presos árabes homicidas en las cárceles de Israel promovida por el asesino múltiple Barguti, por supuesto muy popular por ello entre los árabes. Presentaron una lista con 19 condiciones, entre ellas aumento de las visitas mensuales, tener 20 canales de televisión, instalación de aire acondicionado en las cárceles, poder tener libros, diarios y revistas sin límite, devolución del derecho de estudios académicos a distancia, entre otras. Eso es un chiste si se lo compara con las condiciones de las cárceles de Gaza bajo Hamas, de las del territorio cisjordano de la Autoridad Palestina y las de los países árabes, donde no sólo las condiciones son espantosas, también son torturados aunque no haya motivo.
Después del ataque con armas de fuego por parte de árabes palestinos desde la Explanada de las Mezquitas, Israel puso detectores de metales para evitar la introducción de armas. Eso produjo una violenta protesta de parte de países árabes, de la Autoridad Palestina y otros más, que mintieron a la comunidad internacional diciendo que Israel quería cambiar el statu quo en el Monte del Templo y que quería impedir que musulmanes oren en la mezquita Al Aqsa, lo que es falso. Árabes han introducido armas allí y han lanzado piedras contra los fieles judíos que oran en el Muro Occidental, el Kotel, y han atacado a judíos que suben al Monte del Templo, lo que siempre ha sucedido desde 1968, ya que es también un sitio religioso judío. Fueron los musulmanes los que para presionar rezaron en calles de la ciudad y no en la mezquita del Monte del Templo, hasta que finalmente Israel terminó por sacar los detectores de metal, lo que los árabes celebraron como una gran victoria. Pero no se escuchó a ningún dignatario árabe decir algo sobre los terroristas que asesinaron en el Monte del Templo a los dos policías israelíes el 14 de julio, que además eran árabes israelíes, que fue lo que ocasionó que se quisiera poner detectores de metales para impedir la introducción de armas con las que podrían hacerse nuevos ataques terroristas.
No es sólo Israel el que pone sistemas de seguridad. En Lahore, Pakistán, durante la procesión musulmana llamada Youm i Ali, las autoridades han usado detectores de metales, usan cámaras CCTV y desplegaron más de 5.000 agentes de seguridad. En Arabia Saudita, los peregrinos que van a la Mecca, en su camino a el Hajj pasan por detectores de metales, hay también más de 5.000 cámaras de CCTV, y más de 100.000 personas resguardan la seguridad durante el Hajj anual. En 2015 el International Bussines Times y en 2016 la BBC informaron que Arabia Saudita aumentó el número de cámaras detectoras y que estaba “colocando brazaletes electrónicos a los peregrinos”.
Otras religiones también resguardan la seguridad. Después de los ataques terroristas contra el lugar de peregrinación budista Bodh Gaya en Biharen en la India el 2013, el gobierno ordenó la seguridad del templo Mahabodhi. The Indian Express dijo que “la cobertura de protección armada de comandos paramilitares centrales fueron enviados al sitio”. En el Vaticano han aumentado la seguridad. El 2015 fueron desplegados más de 5.000 policías adicionales y fueron instalados detectores de metales en puestos de control. También se ha aumentado la seguridad en el Templo Dorado Sikh en Amritsar, India. El Tribune India informó que después de un ataque de musulmanes a la base aérea de Pathankot, en enero de 2016 se vieron “escuadrones especiales de policía equipados con detectores de bombas, los que fueron vistos revisando cada rincón del santuario”, y también se vieron cámaras de seguridad CCTV. De manera que no es algo inusual que un gobierno implante medidas de seguridad después de un ataque terrorista, como el que sucedió en el Monte del Templo de Jerusalem.
Aparentemente la ética judía, como también la democracia israelí hace que Israel no mantenga una política firme que haga que los terroristas desistan de sus acciones. Es incomprensible que parlamentarios árabes israelíes miembros de la Kneset vociferen contra Israel, y más aún, que algunos se reúnan y participen con activistas contra Israel, su país al que representan, sin que sean expulsados del Parlamento como traidores a su patria. Tampoco se entiende que Israel interne a asesinos en sus hospitales para que se recuperen antes de ser encarcelados, cuando lo que debiera hacerse es matarlos en el mismo instante en que han asesinado a sus víctimas inocentes. Se comprende que en Israel no existe la pena de muerte, excepción que se hizo con el homicida nazi Adolf Eichmann. Si los terroristas árabes palestinos fuesen liquidados al ser aprehendidos o cuando son neutralizados tras cometer o intentar asesinar, seguramente lo pensarían dos veces antes de arriesgarse a cometer sus crímenes. Eso también ahorraría mucho del presupuesto israelí al no tener que mantenerlos encarcelados.
Por supuesto que esto es polémico y va contra los valores morales del judaísmo. Pero es el momento de detener los asesinos que llevan más de un siglo cometiendo sus crímenes contra la población de Israel. Obviamente todo el mundo protestaría contra el Estado Judío, ya que es el único al que se le exige ese comportamiento que los demás sí pueden hacer sin que sean criticados. Pero finalmente sería como sucedió con los británicos, que nadie los quiso, pero fueron respetados.

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